Cancelar temporada en ligas menores afectaría a más de 2,000 dominicanos

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Los dueños de equipos están dispuestos a jugar la temporada 2020 de Grandes Ligas sin fanáticos, así pierdan US$640,000 por fecha, aunque de momento la opinión de algunos peloteros no entra en esa ecuación donde perderían hasta un 75% del salario que calculaban en marzo y prefieren no jugar.

A un pelotero que en 2019 pasó el año en el equipo grande con el salario mínimo le quedó líquido después de impuestos un monto superior a los US$270,000, una envidia para profesionales altamente capacitados como cirujanos de la Mayo Clinic, ingenieros de Google, mecánicos de la Ford, pilotos de American Airlines o científicos de la Pfizer.

A quienes el panorama se les oscurece según avanza mayo y no se define arriba es para los poco más de 8,000 jugadores de ligas menores, que de momento solo tienen garantizado cobrar este mes y es muy probable que no haya temporada, sin una vacuna a la vista antes de octubre que impida la infección del COVID-19.

Mientras la MLB asegura que obtiene hasta el 40% de sus ingresos a través de las visitas de aficionados a los estadios (taquilla, parqueo, cantina, tienda) y puede sacar una temporada adelante con los derechos de TV e Internet en la MiLB (siglas de ligas menores) es económicamente inviable montar partidos a puertas cerradas.

Esto así a pesar de que los equipos del Big Show cubren las nóminas de jugadores y cuerpo técnico además de comprar la utilería (bates, bolas, guantes y otros). En la MiLB, cuyos equipos no son propiedad de las Ligas Mayores, el público que va a los parques aporta el 90% de los ingresos, casi US$864 millones en 2019 de acuerdo con Forbes cuando pagaron taquillas 41.5 millones de personas. El resto del dinero llega por comercialización local de comercios en pequeñas ciudades, hoy en recesión.

Números no cuadran

De hecho, una encuesta que realizó Sports Illustrated entre los 160 equipos encontró que el 81% de ellos ha tenido que apelar a unas facilidades crediticias aprobadas por el gobierno estadounidense para las pequeñas y medianas empresas, a raíz de la crisis económica ocasionada por el coronavirus.

“No jugaremos sin fanáticos. Es un tema de modelo de negocios. Si nos envían (MLB) los jugadores tenemos que tener fanáticos. De lo contrario, todo estará en rojo”, le dijo Jeff Lantz, director de comunicaciones de la MiLB a Sports Business.

La media de ingresos por choque en esos circuitos es de US$70,000 en temporadas de 70 encuentros de local, unas ligas donde aparecen clubes tan viejos como los Buffalo Bisons, nacidos en 1877, o los Chattanooga Lookouts, en 1885. Pero montar esos partidos requiere de una logística que alcanza los 3,400 trabajadores en plantilla al año completo y otros 32,000 temporales durante la campaña.

No jugar ligas menores representaría para muchos jugadores pasarse hasta 18 meses desde la última vez que tomaron un turno o hicieron un lanzamiento en un partido oficial. Lo que se teme que podría hacer desaparecer a más equipos de los 40 que están programados para salir del escenario en 2022.

“Todo nuestro modelo de negocios está basado en personas asistiendo a los estadios. Incluso, el concepto de jugar un juego en nuestro estadio sin gente está tan lejos de nuestro modelo de negocio que casi parece un esfuerzo desperdiciado, incluso pensarlo”, declaró Scott Hunsicker, actual gerente de los Reading Fightin Phils, al diario The Wall Street Journal.

Impacto local

De los 8,676 jugadores de ligas menores en 2019 hubo 2,059 que nacieron en la República Dominicana. Allí se pagan salarios mínimos que van desde US$290 a la semana en el nivel más bajo (novatos y Clase A) hasta US$502 en AAA, con US$350 en AA. Para 2021 habrá un aumento de entre un 38% y 72% que dejará los pagos menores en US$400 y US$700.

También hubo 65 técnicos entre los entrenadores y coaches.

Vidal Brujan es prospecto petromacorisano de los Tampa Bay Rays que firmó por US$15,000 en 2014, que aseguró en Instagram “lo cobraron otros”, pero hasta 2019 su salario mensual no superaba los US$800 durante los seis meses de campaña, pagando casa y parte de la alimentación.

El año pasado fue su primero en roster de 40, por lo que su pago no pudo ser menor a US$46,000 por la campaña y esta subiría a US$92,000 si permanecía el año sin ser llamado al equipo grande floridense.

Tampa Bay también tiene en sus filas al banilejo Wander Franco, a quien dieron US$3,8 millones en 2017, con una resistencia económica mayor que la mayoría de sus colegas. Pero es la minoría que recibe sobre los seis dígitos y el camino es tan largo, que quien no apela a la austeridad se puede quedar sin reserva para los tiempos duros.