El hilo

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Por Alicia Estévez

La ciudad parece vacía, permanece en silencio, pero no nos hemos ido, estamos aquí. Reunidos a distancia prudente pero en la casa común que, con amor infinito, nos creó el Padre. Seguimos juntos, unidos por la tecnología que antes nos separaba, abrazándonos, más que nunca, con miradas y gestos de amor. Echándonos unos a otros de menos aunque haya pasado solo unas horas desde la última vez que nos vimos.

Un coro en el silencio
Nos rodea el silencio y las calles desiertas. Pero hay un coro de oraciones continuas elevadas al unísono que yo sé, por fe, se escucha hasta el cielo. No nos hemos ido, estamos aquí, cada quien en su casa, con los suyos, que son los nuestros. El amor, en este país, pesa más que la sangre. Seguimos unidos. No es un virus el que nos acerca, quien así lo dice, se equivoca.

El virus separa
Seamos honestos, el Coronavirus nos separa. Si fuera por esta plaga indescriptible, no nos miraríamos ni a los ojos. Esta enfermedad no une, al revés, fomenta el miedo, que nos impulsa a levantar barreras de plásticos. Nos amenaza para que corramos a escondernos en soledad. Es como si hubiese dejado caer una bomba en medio de una fiesta, la que celebraba el mundo antes de que llegara. Y que, ahora, se ha transmutado en silencio. Así que mal dicen quienes le atribuyen habernos unidos, le roban la autoría de ese milagro al responsable.

Cada casa es una iglesia
No, no es el virus, quien nos ha tomado de las manos, sin utilizar guantes, todos a la vez, sin temor al contagio. No es él quien acompaña a enfermos, sanos y moribundos, ni quien nos hace sentir hermanos, miembros de un solo cuerpo y habitantes de una sola casa, como nunca antes, tercos y engreídos, lo habíamos entendido. El crédito es de Dios, reconozcámoslo. Estamos aquí, juntos en la adversidad, por Él. Los que oramos, lo sentimos, lo sabemos y lo atestiguamos. Las iglesias cerradas, han convertido cada casa en una iglesia, cada rincón en un Santísimo. Sigamos orando juntos, y Él seguirá derramando su amor sin límites, nuestro hilo conductor pese a la distancia.