Machismo dominicano

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Por Sausi Pola

Comenzamos mal el año, trágicamente, con la muerte de cinco dominicanas el día primero y después, otras dos mujeres muertes y una niña de cuatro años asesinada después de ser agredida sexualmente y no son actos aislados. Al cierre de 2019, las cifras oficiales hablan de 80 feminicidios íntimos, y otros tanto de muertes violentas de mujeres, no descifradas, la mayoría por ser mujeres.

Esta situación de tanta violencia basada en el género contra las mujeres, nos dice que, mientras mantengamos el imaginario que perpetúa la desigualdad en las relaciones entre hombres y mujeres, con la aplicación de pautas culturales y sociales que generan prácticas dolorosamente trágicas e injustas, de nada vale calcular, lamentarnos y, como hemos visto en estos días, cavilar sobre causas y culpabilidades.

Y aquí, hay que detenerse para confirmar que, como dice la Psicóloga feminista, afrocubana, Norma R. Guillard Limonta, “la ideología que sustentan las masculinidades cruza los sistemas culturales, impone las políticas, las creencias y demarca todas las estructuras, tanto sociales, como raciales y sexuales”.

Toda la sociedad está implicada en estos crímenes, desde los entornos familiares hasta los más generales, cómplices de quienes se ubican en los lugares que debieran de generar acciones para cambiar los imaginarios sostenedores de estas realidades: Administración de la educación, por seguir en las mismas diferencias que mantienen la situación de desigualdad, a pesar del 4% y de la oportunidad de cambiar currículos centenarios. Y la gran retranca del avance, el Congreso, que mantienen guardado el Proyecto de Ley que crea el Sistema Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, porque no entienden que la mitad de este país les obliga porque es importante y democrático.

Los masculinos dominicanos se educan como los que tienen más poder, más ventajas, y a las mujeres, para que sean una figura débil de contraparte, un objeto de propiedad masculina. Así, la violencia contra las mujeres está institucionalizada desde el poder de los hombres y el sistema social, no solo fomentada, también permitida e invisibilizada.

La culpa de las violencias a las mujeres, se les adjudica, a ella y a las madres de ellas, resultando en argumentos tradicionales que se convierten en la impunidad total de los masculinos, apoyados por el código de creencias en el que, el hombre, es el centro de todo. Y su comportamiento es siempre la violencia, contra ellas, contra otros hombres y contra sí mismos.

Aquí hay un problema grave con la masculinidad dominicana, ¡y el Estado tiene que ver cómo resolverlo ya!

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