La resistencia heroica

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Por Carmen Imbert

La transmisión auguraba tragedia. Voces ruidos de hélices en movimientos, ráfagas indetenibles de metralleta. Las ondas hertzianas difundían la narración del espanto desde Cabo Engaño hasta Pedernales, desde Luperón hasta Las Calderas. La nación escuchaba, estupefacta, a través de la radio, las ocurrencias del enfrentamiento como si atendieran una serie de acción, como si fuera la secuela de una radionovela.

Ese 12 de enero de 1972 se cumplían las profecías que los errores y la traición dictaban. La intriga y la incomunicación afectaban a los distintos grupos que aspiraban enfrentar al régimen presidido por Joaquín Balaguer y auguraban fracaso. Desde la noche antes del 12, la encerrona provocada por la delación y la impericia amenazó la cohesión de la brigada conformada por Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo, Ulises Cerón Polanco, Bienvenido Leal Prandy, conocida como “Los Palmeros”. Esos muchachos, idealistas y combativos, entrenados para cumplir con el mandato que propendía el retorno del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó desde Cuba, fueron infiltrados de manera eficaz para lograr el descalabro, no sólo en el 1972, sino también para frustrar la arriesgada expedición de Caracoles.

El comando no tenía escapatoria: resistir o morir. El aparato represivo tasó sus vidas. El “Se Busca” de la desolación aparecía en un impreso, debajo de sus rostros. Eran jóvenes con las estrellas en la frente transitando el camino de la historia. La ilusión trazaba la ruta del trayecto glorioso. El susto de la tiranía anunciaba la trinchera, el 59 cubano actuó como hechizo y les marcó la piel. El líder de los Comandos de la Resistencia-Los Palmeros- Amaury Germán Aristy, precoz antitrujillista, nacido en Padre Las Casas, llegó a la capital adolescente y comenzó el trajín subversivo. Miembro del Buró Político del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, con 17 años participa en la guerra de abril – 1965 – y después de la derrota, decide continuar el trabajo revolucionario. En La Habana, fortalece la relación con el Coronel y comanda el equipo que, luego del entrenamiento correspondiente, serviría de avanzada al arribo de Caamaño para desde el territorio continuar la lucha.

La muerte los acechó siempre y los indicios de la tragedia eran más que evidentes, empero, nada arredraba a esa estirpe. Entonces, la cobardía delatando y espiando. Propuestas cruzadas, intriga y el desastre.

La sedición justificó el exterminio. Atentaban contra el orden público y cualquier embestida era aceptable para el poder. Seis años antes, Joaquín Balaguer había anunciado en su discurso de toma de posesión- julio 1966-: “Si los partidos de oposición, inclusive los grupos de extrema izquierda y de extrema derecha, se lanzan a una labor desenfrenada y tratan de desarticular la vida del país y de quebrantar sus principios, es lógico que la convivencia se hará imposible y que el gobierno se verá empujado a actuar con drasticidad y hace frente a la actitud subversiva….”

Leal Prandy y Cerón Polanco fueron asesinados en la cercanía de la casa que fue refugio. Amaury y Virgilio lograron llegar a una cueva que se convirtió en fortín.

Durante diez horas el valor de dos combatientes enfrentó 1500 miembros de las Fuerzas Armadas de la República Dominicana. Combate de absurda desproporción. Tan intenso fue aquello que Ramón Emilio Jiménez, secretario de las Fuerzas Armadas, quien junto al jefe de la PN, NivarSeijas. dirigió la operación, expresó al mediodía: hay que acabar esta fiesta pronto. Antes, su arenga fue contundente: que no salga uno vivo.

Los intentos para conversar con el presidente fueron infructuosos. Nada detendría la masacre. Después de la caída de los resistentes, el odio profanó los cadáveres hasta desfigurarlos. Los radios dejaron de transmitir y al atardecer todo estaba consumado. Desde el año 2013, cada 12 de enero, se conmemora el día de la Resistencia Heroica:“en honor a los hombres y mujeres que lucharon por una sociedad más justa, basada en la cultura de paz, la verdad, la justicia y el respeto de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución dominicana.”

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