Escenarios presidenciales 2020

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Estas elecciones son para el Gobierno un plebiscito nacional. Y eso, estratégicamente, es más difícil de desmontar, pues Danilo Medina no es el candidato al que hay que atacar, pero sí la montura que hay que vencer.

En términos político-electorales tenemos tres escenarios posibles: Luis Abinader-PRM, Gonzalo Castillo-PLD y Leonel Fernandez-Fuerza del Pueblo. Este último escenario es estadística y racionalmente muy poco probable.

A su vez tendremos múltiples variables según se desarrollen los acontecimientos en el devenir de las elecciones municipales de febrero y las decisiones de los candidatos, que pudieran afectar los presidenciales. En términos partidarios no habrá un escenario donde un partido gane todo y otros pierdan todo.

La Fuerza del Pueblo la tiene difícil en las próximas elecciones. Lo cual no lo veo negativo en sí mismo si se orienta a objetivos de mediano y largo plazo. El problema, hasta ahora, es que no está naciendo a partir de los Círculos de Estudio y la “continuación de la obra de Juan Pablo Duarte” como lo hizo el PLD en el 1973, sino con un relato de catástrofe, conflictividad, de golpeos permanentes que les aleja sectores que pudieran sentirse representados por ellos. Es menos Vinicio Castillo lo que necesitan y más Pelegrín Castillo lo que merecen. Y en términos de centro izquierda, es mucho Max Puig lo que necesitan y menos Franklin Almeyda. Los liderazgos partidistas se administran para cada ocasión y nacer peleando todo el tiempo les perjudica a ellos mismos; esa no ha sido la trayectoria del expresidente Fernandez. En esencia, necesitan estructurar un relato de construcción de poder a partir de un Nuevo Proyecto Nacional.

El PLD es una maquinaria poderosa, no dije invencible y con el poder en las manos. Subestimarla sería el peor error de los contrarios. Ha dividido su estrategia en dos tiempos: Sin febrero no hay mayo. Su objetivo inmediato son las municipales de febrero y con ello producir el impacto de un nuevo mapa político electoral que influya la decisión de mayo. Su candidato, Gonzalo Castillo no es ni bruto, ni torpe ni estúpido. En la medida que se sigan reproduciendo los memes y diatribas en “en su contra”, en esa medida se beneficia. Su aparente problema discursivo, según los expertos, es corregible y no conduce a errar en sus procesos de toma de decisiones. No lo imagino en un debate con Luis Abinader y Leonel Fernandez, podría ser catastrófico, al menos que esté recibiendo entrenamiento en privado y continúe con la táctica de que lo sigan subestimando para, en un escenario nacional, ser la revelación. Pero eso estaría por verse. Ahora bien, la real fuerza del candidato presidencial del PLD se llama Danilo Medina y su obra de gobierno. Estas elecciones son para el Gobierno un plebiscito nacional. Y eso, estratégicamente, es más difícil de desmontar, pues Danilo Medina no es el candidato al que hay que atacar, pero sí la montura que hay que vencer.

El PRM viene ganando credibilidad y consistencia. Su discurso programático es coherente, bien estructurado y reconocedor de su origen Peñagomista. Al día de hoy Luis Abinader es el candidato a vencer, no solo por el convincente triunfo en las primarias, sino por la aspiración de cambio de un segmento importante del país y por la división del partido de gobierno. Su imagen personal y familiar le ayuda. Ya expliqué en otra entrega sus errores de negociación política con Leonel Fernandez, los cuales empezarán a ser más evidentes a partir del mes de febrero, y podrían resultar muy costosos. Los retos son tres: febrero y el mapa electoral que se exprese a partir de este momento, la captación de fondos para una campaña muy costosa, y la movilización eficiente y efectiva del voto el Día D.

En el pasado reciente marchamos con nuestras familias hastiados contra la corrupción y la impunidad. Aún estamos dentro de un prolongado ciclo político que viene desde el 1966 que ya está agotado, donde “nos engañamos los unos a los otros”. Es urgente un nuevo pacto político no coyuntural que produzca profundas reformas institucionales y en la forma de ejercer el poder. Hacia este último escenario y sincerizacion debemos ir todos en el 2020.

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